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A democratizar el Partido Popular

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La sacudida dentro del Partido Popular ha tocado al alto liderato, iniciando un debate sobre la presidencia, la elección de los miembros de la Junta de Gobierno y las posiciones de liderazgo dentro de la delegación legislativa. Mientras tanto, el elector de la base, los líderes de barrios y los presidentes municipales esperan pacientemente a que se resuelven las cosas “allá arriba”, estando como en el limbo. Sin embargo, yo soy de los que cree que lo que hace falta en el PPD es una buena primaria interna y asambleas generales con más frecuencia para activar a su base y dejar que sus miembros se expresen.

Mientras todos siguen teorizando sobre las razones de la abstención popular, pocos han recomendado lo que a veces suena como cliché: dejar que el pueblo decida. Hace falta devolver el segundo apellido al partido y democratizarlo. Así mirando hacia abajo y no hacia arriba, hay que atender al electorado tan frustrado que no salió a votar. La militancia popular no debe estar limitada a ser funcionario de colegio o avanzador de algún candidato: debe también involucrar la toma de decisiones importantes.

Las reorganizaciones municipales deben ser abiertas, transparentes y participativas, dejando que cualquier ciudadano inscrito en el partido pueda opinar y postularse para posiciones de liderato – sin maquineo o brazo torcido. Las estructuras de barrio deben ser organizaciones representativas, basadas en interés y activismo, en vez de existir únicamente para servir al presidente municipal. Estos organismos de unidad deberían poder escoger sus representantes a los comités municipales, quienes en turno escojan a sus delegados de manera democrática. Así se construye un partido de abajo para arriba, en vez de pedir, cada cuatro años, que un alcalde o presidente municipal prepare una lista de sus delegados.

Vamos a abrir las puertas de la democracia y vamos a perder el miedo a las consultas internas y las primarias. Utilizando como ejemplo las últimas dos primarias para candidato a Comisionado Residente (del 2000 y 2016), en ambos casos los ganadores de la primaria sacaron más votos que nuestros candidatos a gobernación. Las primarias y la democracia interna tienen gran potencial para fortalecer a los partidos y evitar que su base se sienta como testigo pasivo de lo que pasa en su partido.

Sin duda hay mucha incertidumbre. ¿Quién debe ser nuestro presidente? ¿Debemos expulsar ciertos candidatos a recomendación del presidente? ¿Cómo llenaremos vacantes? ¿Sancionamos a un legislador ‘disidente’? ¿Cómo procedemos con el estatus después de Sánchez vs. ELA? Estas son decisiones y posturas que han tomado detrás de puertas cerradas por décadas y sin el insumo del pueblo popular. La participación de la base no debe estar limitada a una asamblea general una vez cada cuatro años. ¿Por qué se abstuvo el pueblo popular? ¡Vamos a preguntarlo!

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